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Cómo mejorar la autoestima de nuestros hijos (Segunda parte)

En el post de hoy quiero continuar con las pautas que os servirán, como padres, a mejorar la autoestima de vuestros hijos.

Dale opciones

Las opciones están por todas partes. Esto es muy fortalecedor porque nos ofrece más control sobre nuestras vidas.

A los niños pequeños se les puede dar opciones sobre qué quieren comer o beber, qué ropa can a llevar o qué cuento se les va a contar.

Los más mayores pueden decidir cómo y dónde hacer sus deberes, qué quieren ver en televisión (pero no cuánto tiempo), qué comprar con su paga, etc.

No le impongas tu punto de vista

Pregúntale sobre su propio punto de vista. Puedes decirte algo así como: “a mí me gusta, pero lo importante es lo que tú pienses”, “¿Qué te pareció ese programa de televisión?”, en lugar de “Ese programa era una porquería”.

Piensa detalladamente en todo lo que es importante para tí e intenta asumir que es probable que tu hijo decida desligarse de todo ello a medida que vaya creciendo. De ser así, no te lo tomes como algo personal.

Con los más mayores, mientras más intentes imponerles tus puntos de vista, más probable será que los rechacen.

Cuéntale su historia

Saca fotos de la familia de vez en cuando, háblale de las personas y situaciones que aparecen en las fotos, esto puede servir para rellenar agujeros en su comprensión de la historia familiar, hacer reír, o llevarnos a futuras conversaciones. De esta manera estarás reforzando la identidad de tu hijo y aumentarás la confianza en sí mismo.

Recuerda a menudo las vacaciones, los cumpleaños o cualquier situación que reunió a la familia para algo divertido.

Fomenta la reflexión

Reflexiona cada noche con tu hijo sobre lo que ha pasado en el día y anímale a “pensar en voz alta” sobre las cosas buenas y malas que le hayan ocurrido.

Hazlo tú también y di en voz alta junto a tu hijo: “Me pregunto si podría haberlo hecho de otra manera”, “Lo que pasó me dio mucha alegría o tristeza”.

Fomenta los juegos imaginativos y anímale a disfrazarse.

Explícale tus pensamientos y sentimientos

Si estás enfadado o frustrado, explícale por qué, no te limites a chillarle.

Explícale cómo llegaste a una decisión determinada: “Primero pensé…, luego comprendí… y al final decidí…”

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